Los partidos políticos: la peor enfermedad de una democracia

 El gran problema de una sociedad como El Salvador es conceder poder a las instituciones equivocadas y alejar del poder al soberano, así lo es El Salvador. El Salvador es uno de los países que menos controles políticos tiene hacia la clase gobernante, no hay referéndum, no hay plebiscito, no hay revocatoria de mandato, no hay consulta popular. Sí, todo tiene que ver con los partidos políticos, los partidos políticos son por Constitución el instrumento de poder para llegar a ostentar los cargos públicos de elección popular, así, solo a través de los partidos políticos se puede llegar a ser alcalde, diputado o presidente de la República, esto se rompió cuando una sentencia de la Sala de lo Constitucional permitió las candidaturas no partidarias para diputaciones, pese a ello el bloqueo hacía las candidaturas no partidarias sigue vigente y no es de sorprenderse, los magistrados del TSE son puestos directamente por los partidos políticos dentro de la Asamblea Legislativa.


Los padres fundadores de Estados Unidos hacían hincapié en el enorme problema que representaban los partidos políticos, específicamente el bipartidismo.

John Adams en una carta a Jonathan Jackson escribía:

«No hay nada que tema más que la división de la república en dos grandes partidos, cada uno organizado alrededor de su líder, y adoptando medidas en oposición el uno del otro. Esto tiene, en mi modesta opinión, que ser tratado como el mal político más grande bajo nuestra Constitución»

Lo vimos cuando durante 30 años los partidos ARENA y FMLN se habían repartido la gobernabilidad del país y, peor aun, habían sembrado años de odio y división entre sus militantes, odio que solo era profesado por sus militantes, sin embargo, sus líderes siempre se reconciliaban y reían detrás del telón. Estos dos partidos describen a la perfección no solo el fenómeno de El Salvador, sino, el fenómeno de su mismo país -EEUU- que se esta desbordando lentamente. Para ilustrar esto solo hay que recordar ciertos pasajes de la historia política de nuestro país, entre ellos, la Guerra Civil que consumió a nuestro país a grandes rasgos; no solo eso, después de la guerra hechos como el asesinato de dos policías por parte de militantes del FMLN que no aceptaban la victoria de Antonio Saca o bien, cuando el candidato presidencial de ARENA llamó al ejercito a alzarse en armas contra los que, según él, habían ganado con fraude. Razón no le faltaba, pero en una democracia tan débil como la nuestra un episodio de esos suponía un enorme revés a la democracia, sobre todo, en una sociedad que tiene los ánimos al borde, siempre.

Nuestra República es tan débil, tan fácil de denominar y dejarse llevar por voces que consideramos tienen la rigurosidad moral de imponernos una verdad, así, caemos en la constante dicotomía de creer en las verdades impuestas por instituciones y personas que a nuestro juicio tienen la autoridad moral de imponer su verdad por sobre la verdad que domina en el colectivo. Caemos en lo que se llama, falacia de autoridad. Lo interesante de esto es ver su relación, con quienes están relacionados y quienes los hacen decir lo que dicen.

Para mal de males de nuestra sociedad los partidos políticos tienen un poder que no tienen ninguna institución del Estado, tienen la fuerza de mover masas, la fuerza de manipular discursos, de manipular instituciones, de manipular medios de comunicación e incluso de manipular el ideario colectivo en contra de una sola persona. Dicha estrategia no siempre suele jugar a beneficio de los partidos políticos, porque, aun con su enorme ego de poder conferido en la Constitución de nuestro país, hay un momento en donde todo ese odio, toda esa manipulación les termina jugando un revés, un revés que también en su sin sabor para nuestra sociedad, porque lejos de querer eliminarlos del todo, la gente cae en la idea de darle poder a una solo figura, a una sola persona, justamente lo que sucede en nuestro país en este momento, así los decía George Washington en su carta abierta de despedida de la presidencia:

«El gobierno alternativo de una facción sobre otra, agudizado por el espíritu de venganza, natural al desacuerdo político, que en diferentes épocas y países ha perpetrado las atrocidades más horribles, es despotismo en sí mismo. Pero, a la larga, esto desemboca en un despotismo más formal y permanente. Los disturbios y miserias que resultan de ello, predisponen gradualmente a las mentes de los hombres a buscar seguridad y reposo en el poder absoluto de un individuo, y más tarde o más temprano, el líder de alguna de las facciones dominantes, más capaz o más afortunado que sus competidores, usa esta disposición para engrandecerse sobre las ruinas de la Libertad Pública»

La carta de Washington retrata la esencia de la democracia salvadoreña, una democracia que se tambalea en cada momento donde hay elecciones, porque se juega algo, se juega el futuro de una República, el futuro es incierto, siempre. El presente es el pasado de nosotros el día de mañana, y el futuro lo más incierto. Nuestra frágil democracia ha llevado a escena las ultimas palabras de Washington, luego de dos facciones que se posicionaron, lactaron, robaron, engendraron odio y desconfianza se fueron del poder, la población, el soberano le dio la oportunidad de gobernar a alguien que no fuera del bipartidismo, sin embargo, y como lo recalca Washington el pueblo busca ahora tener confianza en una figura, no en una facción, una figura que no solo se posicionó en el ejecutivo, sino, una figura que ha impulsado un movimiento que pinta a tener mayoría significativa dentro de la Asamblea Legislativa. Lo revelador de esta carta es darse cuenta que ningún -líder- de las facciones dominantes en nuestro país logró esa confianza, ningún político ha logrado la concentración de poder y simpatía que tiene hoy por hoy el presidente de la República.

Claro esta que no necesariamente se debe a su buen desempeño como gobernante, se lo podemos atribuir a su estrategia de comunicación y también a la oposición tan arcaica que se enfrenta a él.

Los partidos políticos son un mal endémico, deterioran a la sociedad, la dividen y la debilitan para aprovecharse de ella. Cuando nuestra democracia sea apartidaria podríamos llegar a una democracia plena, una democracia que puede auto desarrollarse y que propicie el Estado de Derecho. La falsa idea que te venden los partidos de que la Constitución es tuya es eso, falsa, pues, la Constitución que tiene nuestro país es el símbolo más tangible de que te venden una idea que no es cierta. La Constitución de nuestro país fue hecha e ideada por un partido y votada por los demás partidos, no fue consultada al pueblo, una Constitución hecha al molde un partido e inconsulta es una Constitución de los políticos, no del pueblo. La Constitución es el ejemplo más fiel de como funciona el régimen de partidos políticos, controlan todo o la mayoría de cosas dentro de una democracia.

La democracia no puede estar sometida a los partidos políticos, así que recuerden, cuando los partidos se opongan a mecanismos de control político directo es porque no están de acuerdo que en el verdadero soberano ejerza su poder, cuando el partido se oponga a la decisión del soberano, es porque su deseo no es satisfacer a este, sino, satisfacer sus ansias de poder, inclusive, cuando nuestra Constitución establece que el ser humano es el origen y fin del estado.

«Todos los partidos políticos mueren al final tragándose sus propias mentiras» - John Arbuthnot