Una desdeñable clase política

No importa al sector político al que pertenezcas o bien con cual es el que más te identificas, la clase política salvadoreña ha demostrado de manera constante y tajante su poca simpatía con los verdaderos proyectos de nación y han visto, siempre, al lado de sus intereses, sean estos de la índole que sean. Sumado a esto, esta el sector de empresarios, medios de comunicación, instituciones privadas de educación y fundaciones sin fines de lucro que siempre tiran del lado donde menos afectados salgan, incluso aquellas instituciones que nacieron con el propósito de combatir todas esas precariedades y ambigüedades del sistema político salvadoreño.

Si vamos lejos hay que darse cuenta que el oportunismo de la clase política salvadoreña viene desde los tiempos de la Independencia de Centroamérica, donde, quienes componían la estructura de poder de aquel momento, se vieron obligados a separarse de la Corona Española por intereses meramente económicos y de hegemonía política, intereses que no les permitían compartir la riqueza producto de la explotación con los colonos, y así dichos intereses y oportunismo se han ido esparciendo por todo el país hasta el día en que escribo esto. Esa hambre de poder y de control que les ha movido a cometer grandes atrocidades en contra de sus mismos hermanos, masacres de pueblos enteros para poder callar el descontento generalizado de grandes masas de población o bien, el asesinato publico de personas que le sentaron postura a distintas formas de regímenes.


Dichos actos de violación de las distintas clases políticas de nuestro país han sido sustentados bajo las excusas de “progreso” que hoy en día es posible escuchar a algunos especímenes de la clase política defender dichas atrocidades. Es común escuchar a personas decir que si bien Maximiliano Hernández Martínez (famoso dictador) asesinó a varios campesinos opuestos a la dictadura militar que él había impuesto, hizo grandes obras, como la creación del Banco Hipotecario o bien la eliminación o reducción de la deuda externa del país. Inclusive en alguna sesión plenaria presidida por el expresidente de la Asamblea Legislativa, Mario Ponce, él trató de excusar los exabruptos de las dictaduras militares del PCN, haciendo ver que si bien existieron tales dictaduras había que destacar más, las “loables” obras de progreso de estos dictadores impuestos, sus esfuerzos por la infraestructura, por la energía y por querer que El Salvador logrará “sobresalir”. Y así vamos armando paso al régimen de partidos políticos que impuso la Constitución de 1983, que estableció que solo se puede acceder a cargos de elección popular a través de los partidos políticos, esto, hasta que la jurisprudencia de alguna Sala de lo Constitucional lo cambió o más bien lo legisló.

Bastaron 12 años de Guerra entre los militares mayormente controlados por la oligarquía salvadoreña y Estados Unidos, y los guerrilleros que componían el FMLN financiados por Cuba y Rusia para dar paso a algo que llamaron los “Acuerdos de Paz” que obligaron a ambos bandos bajar las armas y dar paso a las negociaciones de paz, donde se tuvieron que negociar reformas a la Constitución, paradójicamente y aunque lo han dicho varios ex miembros del FMLN que la Constitución tiene impresa entre sus letras el origen del sistema oligárquico del país no fueron dichos artículos los reformados, sino, artículos que garantizaran “los derechos humanos” la contraloría al Estado y la creación de nuevas instituciones públicas que velaran por el rol del ciudadano en la sociedad, y si bien esa fue la idea generalizada de las negociaciones de paz, fueron otro tipo de acuerdos los que se tomaron bajo la mesa, como la puesta en escena del FMLN como instituto político, su poder en la toma de decisiones del país y la repartición de las instituciones del Estado entre los dos bandos políticos principales, y no solo eso, sino, que nadie, en absoluto de los militares o los guerrilleros fuera enjuiciado por las atrocidades y crimines de guerra cometidos en el Conflicto Armado. Es decir, el Conflicto Armado fue la excusa perfecta de ambos bandos para tratar de repelerse el uno al otro por las ideas opuestas que ambos bandos preconcebían, sin decir que, el bando ganador de esta guerra fue el oligárquico, bando al que se adhirió el histórico FMLN. Es decir, hace falta apretar un botón para ver como los grandes mandos del FMLN cambiaron su vida y los subordinados a día de hoy siguen exigiendo pensiones vitalicias, solo falta ver como el expresidente de la República, Salvador Sánchez Céren cambió su estilo de vida para pasar a un estilo de vida cómodo y lujoso -y en Nicaragua- cuando muchos de los que él comandó siguen protestando por una mísera pensión para poder coexistir. La Guerra fue la excusa perfecta para matarse, para imponer ideas sean capitalistas o comunistas, sin importar la verdadera opinión de las grandes masas, si toda la población hubiera apoyado al FMLN o al Fuerza Armada no hubiese sido necesario salir a la calle con una bandera blanca como muestra de que no se pertenecía a ningún bando. Y no solo eso, fue en la Guerra donde más se incentivó el desconocimiento de las leyes, donde más se trató de imponer una forma de pensar y donde nadie, en absoluto era libre, porque si bien ambos bandos peleaban para “liberar” a la población el uno del otro, nadie podía comulgar con ningún bando porque era asesinado; en esos momentos la Constitución era un libro que podía determinar si vivías o morías.

Toda esta narración de hechos es una muestra ineludible de que todos los sectores políticos siempre rasgan del lado que más les convenga, sin decir que, después de los dichosos “Acuerdos de Paz” las prácticas políticas añejas y arcaicas se continuaron, donde la oligarquía seguía siendo el máximo punto de referencia de todos los políticos que llegaban al cargo más importante del país, la presidencia de la República. Todas las acciones emprendidas hasta el día de hoy se rigen por una ley básica, afectar en lo menos a los más poderosos, a los que están cogobernando con el presidente de turno. Cualquier acción del Ejecutivo en detrimento de los grandes empresarios es una orden inmediata para el sector ideológico de este país para tumbar a aquel que se opone a sus formas de gobernar detrás del Gobierno…es decir, es momento de que los tanques del sector privado, las instituciones de educación privada, las oenegés beneficiarias de la empresa privada, los medios de comunicación parciales se abalancen contra aquél enemigo en común, claro esta que muy mal de la mente deben de estar como para pensar que Bukele (el actual mandamás del país) es ese enemigo en común, no podes atacar a un lugar de donde vienen tus raíces, no podes ir en contra de ese sector que ha forjado tu fortuna, la de tu papá y la de tu familia.

A día de hoy, la clase política sigue pedaleando a aquel espacio donde se le de mayor realce, a aquel lugar que le asegure un lugar en la posteridad, no importa pisotear al más pobre, al más necesitado o al más sufrido, lo que importa -para ellos- es prevalecer dentro del sistema y dominarlo; ser los que quitan y ponen, no ser los quitados o los puestos, ser los ricos y enriquecerse más, no ser los empobrecidos, eso únicamente le corresponde a las masas de clase media. Por eso, sería muy ingenuo pensar que los opositores del actual dueño de la Casa Presidencial luchan tajantemente por nuestras “libertades” o “derechos” (es de ingenuos) o bien, que algún partido nuevo proyectado a la “inclusividad” de todes esta luchando por una causa justa o de verdad por las minorías. Es una pugna de poder de la clase política salvadoreña, todos los que se acostumbraron a poner y quitar, a enriquecerse y lucrarse a manos llenas no pensaron que habría alguien que los pudiera quitar, de hecho ese es su enojo, que este alguien no esta dentro de sus filas, sino, fuera de ellas y les ha ganado estrepitosamente en su juego, con una mayoría arrasadora en el Legislativo (producto de la moda), cuyo legislativo esta borrando sin remordimiento alguno cualquier huella de ese sistema que sigue existiendo pero que ya no dominan ellos, sino, una cuota unipartidista, un trinche de poder que jamás se imaginaron pero, que todo, en absoluto es su responsabilidad, pues este tirano (como lo llaman ellos) fue educado con las curriculas educativas que ellos diseñaron y fue adiestrado en un instituto político que ellos mismos fundaron, este tirano, lo crearon ellos, pero ahora no se quieren hacer cargo, simplemente quieren recuperar el poder.

Ahora bien, no se confundan, políticos buenos los hay, con buenas intensiones y con excepcionales ideas, simplemente muchos de estos políticos han sido eliminados o bien no tienen cavidad en ningún espacio de relevancia, son, estrepitosamente muy incorruptibles.

Digamos algunos ejemplos como el presidente Lincoln o bien el presidente John. F. Kennedy cuyos proyectos para su país fueron los que los llevaron a ser asesinados, algún cambio de moneda o bien, quitarle poder a la Reserva Federal.

 

Diga que, la serie “La venganza de Analía” podría ser una buena analogía, solo tomen la parte política.

“... Todo lo que existe siempre, es incorruptible sin más.”

― Aristóteles